La Sede

Con la misma fundación del Círculo -24 de mayo de 1941- nació entre los directivos la necesidad de contar con una sede propia. Claro que no se trataba de un objetivo fácil de lograr para un grupo de entusiastas periodistas deportivos. La pro
fesión en aquella época –igual que ahora, por cierto- no se caracteriza por permitir a quienes la ejercían, el manejo de abultadas sumas de dinero.
El Círculo de la Prensa, entidad que ya contaba con el mismo edificio propio que aún hoy ocupa en la calle Rodríguez Peña 80, brindó su hospitalidad facilitando un espacio para las reuniones de Comisión Directiva de la recién constituida institución. Ese lugar, en el que se rubricó el acta fundacional, fue la sede de nuestro Círculo durante más de una década. Allí se llevaron a cabo las reuniones semanales y las asambleas anuales hasta 1951, año en que se pasó a una dependencia de la Confederación Argentina de Deportes (CAD-COA), en Carlos Pellegrini 1362, cedida también gentilmente por las autoridades de entonces.
Las características de la nueva oficina, en un edificio señoral y excelentemente ubicado, si bien permitieron mayor comodidad, lejos estuvieron de satisfacer la permanente aspiración de contar con una casa propia. Así, en la Asamblea de 1952 se resolvió encarar con mayor firmeza la compra de un edificio. Con ese fin fue nombrada una comisión integrada por los directivos Antonio Leguizamón, José Bellón y Pedro Fiore, estableciéndose ciertas pautas que debían ser respetadas, estableciéndose ciertas pautas que deberían ser respetadas. Según la documentación existente, la tarea debía ser efectuada “pensando principalmente en la ubicación de la mayoría de las empresas periodísticas y la conveniencia de los colegas, limitando la búsqueda a la franja comprendida entre el Subterráneo Anglo (Rivadavia) y Lacroze (Corrientes), aunque sin descuidar otras zonas y también el fácil acceso a los servicios de la línea de Subterráneos de la Chadopyf (Palermo-Catedral)”.
Casi inmediatamente surgió una primera posibilidad: un edificio de tres plantas ubicado en Riobamba 486. Su valor era de pesos 535.000.-y si bien la ubicación era adecuada, las comodidades no dejaron satisfechos a los observadores.
Las gestiones continuaron en 1953, cuando el Círculo contaba con 553 socios activos y 13 protectores. Se observó un Petit Hotel de Chile al 900 y se efectuaron consultas a algunas inmobiliarias. Ninguna de la posibilidades resultó satisfactoria.
Por entonces se buscaba, al mismo tiempo, recaudar fondos para, llegado el momento, afrontar el pago que requeriría la adquisición de la sede. Con ese fin se organizaron carreras de automóviles, reuniones de boxeo, partidos de fútbol y polo y diferentes espectáculos deportivos, para los cuales, como se explica en el recuadro que complementa este informe, se contó con el apoyo de entidades amigas.
Así, en 1954, se decidió intensificar las acciones, la Comisión Directiva, resolvió no dejar pasar más tiempo sin concretar el anhelo y se nombró una nueva Subcomisión de Edificio Social. La integraron Domingo Travi Basualdo, Washington Rivera y Luis Benedicto. La búsqueda debía hacerse de todas las maneras posibles: martilleros, amigos, publicaciones de diarios , observando las propiedades ofrecidas mediante carteles en su frente o cualquier otra alternativa que surgiese.
Apareció entonces una propuesta presentada por Roberto Morchio, representante de Administración Arenales (de Arenales 1243) y Roberto Livingston, quien poseía poder de venta para un edificio en Rodríguez Peña 628, casi esquina Tucumán.
La casa, de aspecto inmejorable y con comodidades ideales para el desarrollo de las actividades previstas, satisfizo las expectativas apenas fue observada por los directivos. El edificio se encontraba desocupado y pertenecía a una familia de apellido Belloni.
El precio establecido en primera instancia por los vendedores fue de 1.100.000 pesos, importe que causó impacto teniendo en cuenta que en la cuenta corriente bancaria del Círculo, los fondos alcanzaban solamente a 235.000 pesos. Sin embargo, los directivos pensaron que si obtenían alguna rebaja la operación podría llegar a efectuarse. Ante la solicitud, la parte vendedora redujo la suma a 980.000 pesos. Se formuló entonces una contraoferta de 900.000 pesos a pagar en seis años y otra de 800.000 a abonar en cinco. Ninguna de las dos fue aceptada. Las tratativas se trabaron y la mirada de la Comisión Directiva se dirigió hacia otras posibilidades. Entre ellas, surgió un ofrecimiento de la firma Vicente P. Cacuri y Cía., referida a un edificio de Riobamba 178, frente a la sede del Ateneo de la Juventud. El lugar fue visitado pero no resultó del agrado de quienes lo vieron.
Las cosas no eran tan fáciles, pero había que seguir adelante. La tarea se hizo aún más intensa y se analizaron una gran cantidad de propuestas. Registramos algunas de ellas a modo de muestreo de lo amplio de la búsqueda: de la firma Giménez Zapiola (por un edificio de Carlos Pellegrini 1362) de A. Canfora (Paraguay, entre Riobamba y Ayacucho), de Juan Risso Patrón (Ayacucho, entre Arenales y Juncal) y de Romano Larroca (Quintana, entre Libertad y Montevideo, y Carlos Pellegrini, entre Santa Fé y Charcas, hoy Marcelo T. de Alvear).
Ninguna de las posibilidades alcanzó aprobación. El destino parecía estar echado: se retomó el contacto con los vendedores de Rodríguez Peña 628. Las tratativas se hicieron más precisas hasta acordar el precio en pesos 950.000.-,a pagar el 50% en el momento de escriturar y el resto a los dos años, con el 9% de interés.
La decisión, entonces, surgió por unanimidad en la Comisión Directiva. Esa era la casa. Se resolvió inmediatamente concretar la adquisición, la cual, por su magnitud requirió un tratamiento especial. De tal forma, el 28 de junio de 1954 se firmó el boleto, entregándose la suma de pesos 200.000.-, en una operación ad referendum de la Asamblea General que debía realizarse a la brevedad.

El documento fue suscripto por la propietaria, Zulema Leonor González de Belloni, y por los integrantes de la Mesa Directiva del Círculo: José López Pájaro, Presidente; Conrado Diana Costa, Secretario; y Héctor Jorge Vega, Tesorero.
Durante la Asamblea, que se realizó el 23 de julio, los directivos Travi Basualdo, Benedicto y Jorge de Lorenzo, expusieron ante los asociados durante una reunión plena de entusiasmo que aprobó todo lo actuado. Al día siguiente fue cursado un telegrama a la propietaria confirmando la compra y se hizo entrega de pesos 20.000.- completando el importe correspondiente a seña y adelanto.La escritura se firmaría el 2 de diciembre de ese mismo año, efectuándose un nuevo pago de pesos 80.000.-. Se alcanzó de tal forma el importe de pesos 300.000.- quedando por abonar, entonces, pesos 175.000.- a fines del año siguiente y pesos 475.000.- a fines de mayo de 1956.
De inmediato se tomó posesión del edificio de tres plantas que, por estar deshabitado desde tiempo atrás, requería, para comenzar a funcionar como sede, la ejecución de múltiples refacciones, cuyo costo se sumaría a la deuda que aún debía pagarse.
El 14 de febrero de 1955 fue incorporado “para cubrir la plaza de casero, con un sueldo de pesos 920.- por mes” el señor Enrique Arias, quien aún cumple tal función en la sede y quien con sus recuerdos, contribuyó a conformar este informe.
Por aquellos días se efectuó una gestión ante la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, que encontró inmediata y satisfactoria respuesta de parte del Intendente Bernardo Gago. El organismo se encargaría, sin costo para el Círculo de llevar a cabo las refacciones necesarias para el adecuado funcionamiento del edificio. De tal modo, a los pocos días la casa se vio poblada por un grupo de operarios que, portando baldes, andamios, pinceles, tacos de pintura y otros elementos, dieron inmediato comienzo a la tarea. Durante varias semanas así lo hicieron, hasta que se produjeron en el país los acontecimientos que culminaron en septiembre de 1955.. El consecuente cambio de autoridades municipales determinó que concluyeran abruptamente los trabajos de refacción cuando aún no habían finalizado totalmente.. Sin embargo, las áreas principales quedaron aceptablemente acondicionadas, restando la pintura de algunos sectores que se completaría varios meses más tarde.
El año fue así transcurriendo entre planes y realizaciones. Se refaccionó la cocina, se efectuó una limpieza general, fue reparada la calefacción, se pidieron presupuestos para construir dos locales a la calle en la planta baja para alquilarlos -cosa que se lograría tiempo más tarde- y se formularon solicitudes de ayuda a entidades amigas para conseguir amoblamiento. Don José López Pájaro -uno de los principales testigos que hoy recuerda todos los episodios de aquel tiempo- memora que con uno de los dueños del Luna Park, Ismael Pace, concurrieron a la sección usados de la desaparecida mueblería Maple. Eligieron entonces una gran mesa, sillones y diversos elementos que el empresario boxístico donó para la nueva casa.

Las donaciones, se fueron sumando para equipar el edificio. El Automóvil Club Argentino cedió mesas y sillas para el armado de un bar. El presidente de Racing, Manuel Teitelbaum, regaló un juego completo de vajilla; el Club Atlético Independiente, un amplificador y tres parlantes; River Plate, una espléndida alfombra roja para cubrir las escaleras. Muchos colaboraron con los más variados elementos y hasta Industrias Pirelli donó dos colchones destinados a una sala de alojamiento para colegas, que nunca llegó a concretarse.

Y llegó, finalmente, la tan esperada inauguración. Fue el 27 de diciembre de 1955. La jornada dio comienzo a las diez de la mañana, cuando el Obispo de la Parroquia, Monseñor Gustavo Franceschi bendijo las instalaciones. Y a la noche, a las 21:30, se llevó a cabo la gran recepción, durante la que fue servido un “copetín” para quinientas personas, contratado con la Confitería Rossi por valor de $8.000.-, sin bebidas. Esa noche, todo fue alegría y satisfacción. El socio Guillermo Loustau leyó un informe detallado de los pasos que fueron dados hasta contar con el edificio y destacó el esfuerzo de los directivos, muchos de los cuales no pudieron disimular auténtica emoción.Pasaron ya años de aquel episodio singular. De aquel día en que los periodistas deportivos supimos de la seguridad y el estímulo de contar con la casa propia, la misma señorial, sólida y querida casa que permitió disponer de un ámbito ideal para reuniones y el desenvolvimiento administrativo y social. La misma casa que hizo posible, mas tarde, crear la Escuela que hoy nos enorgullece. La querida casa que tiene siempre las puertas abiertas para recibir con afecto solidario a los socios de la Institución y a los periodistas deportivos de todas las latitudes.

Las Mil Maneras de Conseguir Dinero

El informe que detalla los pormenores de la compra de la sede del Círculo llega hasta el día de la inauguración oficial. Naturalmente, las limitaciones de espacio que tiene una publicación de estas características impide proseguir con las vicisitudes que los directivos debieron atravesar hasta saldar lo adeudado y completar la compra. Al respecto, debemos consignar que los plazos establecidos inicialmente, de acuerdo con la buena disposición de la ex propietaria se fueron “estirando”, efectuándose parcialmente y “como se podía”. Igualmente, a la distancia, no deja de resultar asombroso que el pago pudiera ser completado en tan sólo tres años. En 1958 la sede ya fue totalmente de la entidad.
Pero, ¿qué hizo en aquella época para conseguir los fondos?¿De dónde salió el dinero, si no hubo ningún subsidio oficial?¿Adónde se acudió en busca del dinero necesario para efectuar semejante compra como la de un edificio en pleno centro de la ciudad?
Algo ya fue dicho. La imaginación de los periodistas nunca fue escasa, ni tampoco carecieron de capacidad de esfuerzo o habilidad para solicitar aportes desinteresados. El Círculo parece haber actuado siempre como incentivo, como estímulo ineludible para su funcionamiento, despertando iniciativas que supieron lograr aprobación en el público y en empresas auspiciantes.
Un detalle exhaustivo de los acontecimientos y festivales organizados en aquel tiempo para conseguir fondos sería interminable. Pero veamos en algunos ejemplos el tipo de acciones emprendidas.
En Ferrocarril Oeste, en combinación con la Asociación de Automóviles Midgets y la Asociación de Motociclistas Argentinos, se llevaron a cabo reuniones que permitieron en varias oportunidades obtener importantes recursos. Las recaudaciones que se lograban por entonces en festivales dedicados a carreras de los ruidosos autos “midgets” o las nada dóciles motos “speedway” resultaban por demás abultadas. Basta señalar que en una sola reunión organizada en la famosa “pista roja” del club de Caballito, el Círculo recogió un beneficio de pesos 28.989.-
Otras de las formas generalmente exitosas fue la organización de partidos de fútbol. En noviembre de 1954, en combinación con Futbolistas Argentinos  Agremiados, el Círculo organizó un partido del Seleccionado Nacional contra un “Combinado” del interior del país. Una cancha colmada arrojó una recaudación que permitió a cada entidad obtener $44.139,34.-
El año 1956 fue para la entidad particularmente activo en materia futbolística. También compartiendo la organización con F.A.A se disputaron cuatro partidos. El primero, en el viejo Gasómetro de San Lorenzo de Almagro -frecuente escenario de grandes acontecimientos deportivos de la época- en el que se enfrentaron Capital y Provincia, con la presencia, entre los “porteños”, de Mantegari, Onzari, Pederzoli, Calla y Cigna, mientras que para los de “afuera”, jugaron Manfredini, Micheli, Lombardo, Pizarro, Bayo y Cozzi, entre otros.
Los dos encuentros siguientes fueron en Mar del Plata, cuando se presentó frente a dos seleccionados locales un equipo dirigido por José Barreiro y que integraban, entre otras figuras, Roma, Abraham, Berón, Bonelli, Picot, Cruz, Carbonel y Etchegaray.
El cuarto partido fue en el Centenario, de Montevideo, cuando enfrentó al primer equipo uruguayo un seleccionado dirigido por Guillermo Stábile que contaba en sus filas con Murúa, Infante, Ferraro, Gianserra, Corbatta y Galelli.
El boxeo también efectuó su aporte. Varias veces el Luna Park sirvió de escenario para reuniones a beneficio de la entidad. Por ejemplo, el 2 de noviembre de 1954, se desarrollo un festival que tuvo como combate de fondo el enfrentamiento entre Néstor Savino y Carlos Albarello, quienes recibieron el 20% de la recaudación. Cada semifondista recibió pesos 600.- y cada preliminarista, pesos 500.-. Los números finales arrojaron un superávit de pesos 32.989,39.-.
Y también hubo un espacio significativo para el Básquetbol. Fue en agosto de 1954 mediante la organización de un gran festival que se disputó en tres distintos escenarios: el Luna Park, el Gimnasio de San Lorenzo y el Ateneo de la Juventud.

Los esfuerzos eran constantes. Y las ideas se sumaban. Así surgió un emprendimiento poco usual para ese momento: la rifa de un automóvil. Se hicieron las gestiones ante los organismos respectivos para lograr la correspondiente autorización y se conformó una comisión especial que llevaría a cabo tan delicada acción recaudadora. La integraron los ex presidentes de la entidad, los ex secretarios y tesoreros y los entonces integrantes de la mesa directiva.

De tal forma, en octubre de 1954 un magnífico FIAT 1400, 0 Kilómetro, fue expuesto en la agencia que José Froilán González poseía en Corrientes 11.

Se hicieron 100 “billetes” de $500.- cada uno y se enviaron notas ofreciéndolos a clubes, federaciones, organismos y numerosas entidades. La rifa fue un éxito.

Se vendieron 668 boletos. El sorteo se efectuó el 29 de abril de 1955, saliendo favorecido el número 379, cuyo poseedor fue un señor llamado Demetrio Sepag. La tarea tuvo un resultado por demás satisfactorio, permitiendo amortizar en ese momento nada menos que $ 175.000.- de la deuda por la casa. Fue esta una de las acciones más significativas en aquella suerte de epopeya destinada a conseguir fondos. Fue un peldaño más en la empinada escalera que tuvo como final feliz la adquisición de la sede social.